«“Y Jesús, mirándolo fijo a los ojos, lo amó y le dijo: ven y sígueme” (Mc 10,21). “¡En eso consiste la vocación! Es esta mirada de predilección de Jesús”»; así también miraba el Padre Allamano a sus jóvenes misioneros, a sus hijos de la Consolata a quienes motivaba con estas palabras y los hacía sentir amados por el Señor. Desde muchacho, Jose Allamano sabía que estaba llamado a algo grande y diferente. Supo responder con generosidad a la vocación que Dios había pensado para él, incluso, con valentía hizo frente a sus hermanos mayores, respondiendo con firmeza: “El Señor me llama hoy, no sé si lo hará mañana”.

A lo largo de la historia, muchos jóvenes de corazones ardientes y pies en camino, han dado su respuesta de amor y convicción de diversas maneras, pero no lo han hecho solos, siempre acompañados por hombres y mujeres iluminados por el Espíritu Santo. Allamano era uno de estos que, bajo la luz divina y el amparo de la Virgen Consolata auxilió muchísimos jóvenes, dentro y fuera de los ámbitos tradicionales.

Uno de los casos particulares, la Beata Irene Stefani, quien consagró su vida a Dios y a la misión dentro de las Misioneras de la Consolata, ella, mientras estuvo en Turín preparándose para la misión en África, también grabó en su corazón y en sus cuadernos las palabras de su amado Padre Fundador, entre las que destacan las siguientes: «Sé humilde en tus palabras, tus obras, tus afectos»; «Si son felices y las veo, son mi consuelo»; «Hijas mías, sean almas de oración y meditación, y serán felices»; «Ámense infinitamente. Tengan la seguridad de que en el amor de Dios nunca irán demasiado lejos».

Se puede apreciar como el Fundador tenía un profundo amor por sus hijos y los aconsejaba con un corazón de padre, incluso me atrevería a decir, con corazón de madre, muchas otras. Todo esto con la finalidad de que pudieran sentir el amor de Dios, a través de sus gestos, palabras y acciones.

Otro caso muy interesante fue con un joven turinés de fe ardiente, sincera y perteneciente a la Acción Católica, hoy reconocido por la Iglesia universal como San Pier Giorgio Frasatti, quien tenía una conexión espiritual muy profunda con la Virgen de la Consolata y su Santuario. Según el dominico Giacinto Scaltriti quien está convencido de que Pier Giorgio "fue muchas veces a Allamano para coordinar acciones en favor de los pobres, que tenían un barrio significativo en la Consolata". Como buen Padre, acompaña y orienta a los más jóvenes en favor de los mas necesitados, porque como ya lo decía: “Así es nuestra santidad: se basa en la fe, se construye con la esperanza y se perfecciona con la caridad.” (Así los quiero, 85)

Estos jóvenes, a pesar de la edad, se dejaron acompañar y amar. Incluso el mismo Allamano en su juventud como sacerdote recién ordenado lo hizo, cuando Mons. Gastaldi lo nombra director espiritual del seminario, su respuesta fue: “soy demasiado joven… pero soy hijo de la obediencia”.

Tal vez con incertidumbre y con el corazón lleno de muchos anhelos, Allamano intervino de nuevo con la siguiente pregunta: "¿Es realmente la voluntad de Dios? Todavía no cumplí los treinta años, no tengo experiencia" — "¿Ves? — me respondió — ser joven es un defecto que se corrige de a poco. Los errores que, precisamente, cometerás por ser joven, tendrás tiempo para repararlos"... Hay que estar allí donde nos quiere el Señor”

Definitivamente si el Allamano no hubiese aceptado, no hubiese sido capaz de llegar hasta donde llegó, porque era allí precisamente donde el Señor lo quería hacer santo y padre de la escucha y el acompañamiento.

Y es precisamente en este escuchar, en ser acompañado y ser testimonio de la misericordia de Dios, donde nace mi vocación a la vida misionera dentro de este hermoso carisma de la Familia Consolata, la Misión Ad Gentes. Por obvias razones no tuve la oportunidad de conocer en vida a San Jose Allamano, pero si pude conocer esas características particulares en uno de sus hijos de la Consolata quien, a través de ellas, se mostró como un padre alegre, un hombre de la escucha y de gran celo apostólico.

 Te hablo específicamente del Padre Andrea Bignotti, italiano, Misionero de la Consolata en Venezuela por muchísimos años, quien me cautivó con su corazón ardiente y su gran trabajo con las Obras Misionales Pontificias, especialmente con los jóvenes. Sí, fue en él que comencé a ver los destellos de los dones del Allamano. Su testimonio de vida misionera me impresionó tanto que, después de yo participar del Relevo Misionero por un año como laico en tierras indígenas del Vicariato Apostolico del Caroní, entre los pemones de Wonken, la cual fue una experiencia de gracia indescriptible, donde la realidad misionera y el mismo Dios me empujaron a la vida religiosa, y abrazar con pasión este carisma.

Durante mi proceso formativo, he visto como el espíritu del fundador me habla y se muestra en tantos de sus hijos e hijas de la Consolata. Definitivamente él continua vivo en cada uno de nosotros, en ese deseo de “santidad”, en esa “apertura a las culturas”, la importancia del “espíritu de familia” y “la competencia de los pequeños actos de gentileza entre unos y otros”, una vida fundamentada en la Eucaristía y el amor a María.

Definitivamente para mí, es una gran alegría y una gran responsabilidad pertenecer a esta familia misionera fundada por San Jose Allamano. Doy gracias a Dios por todos los jóvenes que ha llamado a pertenecer a esta familia y a los que vendrán en un futuro. Pido a la Consolata que continue suscitando misioneros y misioneras con “corazón de padre” para acompañar a los jóvenes y decirles que no tengan miedo, que se arriesguen y se lancen con generosidad a responder esa llamada a una vocación autentica, consolidada en la santidad de una vida vivida a plenitud.

Es tiempo queridos jóvenes, de desgastar nuestra vida como la vela, en el servicio, la entrega, la caridad, la escucha y la oración. Nuestro tiempo de actuar es ahora. No basta con admirar y hablar constantemente de la vida de los santos, es necesario comenzar a imitarlos, no queriendo hacer grandes milagros, sino procurando hacer el bien en las pequeñas cosas del día a día.